Hace unos días, con mi hermana mayor fuimos a caminar y terminamos en la plaza que hay a cuatro cuadras de mi casa. En bromas con respecto a los nenes pequeños que van gritando subiéndose a todos los juegos, nosotras nos subimos a las hamacas que habían allí, aunque no eran las que nosotras recordábamos -las otras eran de madera y estas de lona-, pero el momento fue único, porque me sentía como una niña pequeña nuevamente en el típico juego que ibas corriendo para ocupar para que nadie te lo saque. La sensación de volver a ese tiempo fue, no sé como explicarlo. Gracias a ese día, recordé lo que era tener ocho años y no tener que preocuparse por nada.-
23 de febrero de 2012
24 de enero de 2012
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